No me devuelvas la mirada
cuando me miro
- y contemplo mis complejos -.
No quiero cegarme en estar feliz contigo,
trotando de sentirlo
por no tratar de serlo.
No quiero buscar en ti
nudos en el estómago,
cuando ya sabemos
que sería atarme a ti
por mi boca
y vayarse de todo.
Y es que no podemos negar
que la tristeza también hay que verla;
y de aquí,
mi siguiente observación:
prefiero estar triste por mí mismo
que por echarte de menos.
Es duro.
Como lo es cegarse en ella,
al padecer.
Prefiero hacerte la cruz
antes que ir al cementerio.
Que al menos muera con salud;
no por la falta de ella
- mientras sea de juventud -.
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