sábado, 24 de marzo de 2018


Voy a ser franco;
me he hecho el suizo
en el barrio de los Austrias;
he bebido Ginebra
añorando Calle Larios.

Y he fumado chocolate
añorando el cacao de unos labios
que siempre han cortado mi boca
con su frialdad,
tan ambigua
por derretirse en cada palabra;
por querer(me)
fundirse con el agua de mi cuerpo.

Larios, labios...
dos bocacalles
con una letra de diferencia;
con una "L" en principio;
y el resto de tu nombre
va ardiendo en su papel;
quemándose en mi boca,
sin gramos de esperanza;
con un porrón de polen
ahora que soy alérgico a tu primavera
y todo se ha marchitado.

Voy aspirando el ayer,
y al mismo tiempo,
suspirando por un mañana
en el que dejes de estar presente
con cada uno de los detalles
que ahora envuelven tu ausencia,
todavía atada en el nudo de la garganta;
todavía por abrir en cicatrices.

Siento que te quiero;
por amor
u odio;
o por este deseo
de que no sea por ninguno;
o por la atracción
que ambos polos tienen.

Aunque no quieras,
sé que aún me hieles
en pleno Sol.
¿O( a)caso te vas a llevar también
el corazón de Madrid?
Parece que no existe Gran Vía suficiente
que mi propia alma
como para que dejes de recorrerme.

Aunque no quiera,
sé que te hielo
en cualquier vaso
con los que hay en mi cuerpo.
No sé si merecerá la vena
verter tanta herida
en charcos de alcohol;
en estas hojas de otoño
recién levantadas
por un brote de calor
de pretender acurrucarte
en mis grados,
susurrándote
todo lo que cuesta
que sigas estando pendiente;
que no encuentre plano
donde poder dejarte,
y te ganes perderme
por todo lo que no has luchado.

No sabes cuánto lamento
que tú (ya) no lo sientas.
Si me disculpas,
confieso que nunca quise tu perdón,
sino pe(s)car más.

Me Retiro al parque
a meditar
lo "Cerca" que estuvimos
a estas alturas,
que pican tanto como rascancielos.
Ahora mi aliento canta a Lei;
va letrando aquella "Aproximación"
mientras se (des)compone en "Electricidad".
Y luego descargo
el consiguiente "Vértigo",
ebriamente.
Pero eso es algo particular.
Lo extraño
es cuando no tiene lugar
en el patio de mi casa,
"atrapado(s) en un plano a contraluz;
hace tiempo que no siento una punzada;
hace tiempo que me estrello a tu salud"

Estos ciegos
solo esputan
lo furcia que es la tormenta
cuando ya no queda más tensión
que voltajar mi vida
en suspensión.
No hay corriente;
ni siquiera
se la quiere encontrar.
Ni siquiera la merece.

Huelo la (re)caída
a oídos de "Breaking Bad";
tengo el mono
de conocer algún camello por aquí;
tengo la tentación de tronar
un palacio de cristal
para dejar el poder (de) vencer
por volver a rendirme
"a la oscura esclavitud.

Ahora sé que la guerra
durará más que tú.
Peligrosa doble vida,
no...
me resbala tu actitud.
Esto sé que no te va a gustar"

Con chaleco anti aguas,
simplemente,
lluevo sobre quebrado
por tratar de despejar(te)
(de) una ecuación:
¿Por qué quererme duele,
si solo tengo que hacerlo yo?
¿Por qué a ti,
y no x mí?

¿Cómo es que
las fracciones de segundo
de hace años
no resultan en olvido?
¿Será que el tiempo,
(del clima,
del reloj,
de cada verbo)
no es cuestión de paso,
sino de formular cómo andamos?

Y es que mientras voy siguiendo mi camino,
mis pies se retuercen
en tus huellas
por no dar la talla.
Me quedaste grande
por no saber ir con cuidado
y demasiado pequeña
por no pisar tan fuerte.

Sobras en todo momento;
faltas entre la riqueza de la gente.
Y así,
entre estas dos maneras,
te quedas.
Eres sal
y orilla
en constante marea.
Y yo me vuelvo verano
o invierno
en cada estación.

Con "La lluvia en los zapatos",
voy de regreso a María Zambrano;
te Atocho de menos o de más;
de (v)ida entre l@s aves,
vas de menos cercana
a más distante
y vuelves dándole la vuelta
sin que acudas,
ni regreses.

Y escribo todo esto
con el Tirso de este Molina
mientras escucho en bucle a Sabina;
cómo "Leningrado
es otra vez San Petersburgo".
La forma en que "ayer te quise por amor al arte;
hoy, por delicadeza"
La manera en que "si preguntas(,) mi vida,
lo niego todo".

A veces eres una completa "Embustera";
otras, ese es tan solo
el consiguiente "Nombre(s) impropio(s)".

En Madrid me quedé sin palabras;
ahora "te como a versos",
como siempre hago
en la boca de Málaga,
que tanto llevo en mis raíles;
"te como a versos"
como nunca
en el metro que separa
el esfuerzo que supone olvidar(te)
con lo vagón que resulta
dejarse llevar por la nostalgia
entre todas sus paradas:
los recuerdos que no cerebro.
Los felices trayectos
que tanto me sé de memoria.

A las puertas
de esta distancia que nos marca,
sigue batiendo récords
(des)encajándose en mi piel;
(des)pedazándose en mi alma.

Que alguien me diga cómo darte alas
con la piel del equipaje herida;
con el alma desmedida;
con toda la carga de la culpa
y el peso de castigarme
perpetuamente.

Que alguien me diga cómo volar
sin sufrir la condena
de aterrizar en la necesidad
de ponerme en modo avión
para despegar(me)
de esta separación
que tanto nos une;
que tanto tenemos en común;
tanto tú como yo
estamos desligados de mí;
tanto tú como yo
hemos roto conmigo.

Que alguien me diga,
tan sólo,
que todo esto,
algún día,
llegará a terminal,
de un viaje u otro;
que dejará de ser escalas
que me atrapan
en todas partes
y no llevan a ningún lugar.

Aunque tenga en mi cabeza
el sombrero de pensar
que "no llega el día;
quiero sentir otra velocidad;
tramando alguna atrocidad.
Y sí, me da miedo mi actitud;
esto sé que no se va a acabar".

Y así, "en los días de autodestrucción,
no hay perro que me ladre.
No busques mi mejor versión;
se la ha llevado el aire."

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