Hola a quien me lea.
Hacía mucho tiempo que no pasaba por aquí.
Tampoco lo extrañaba.
Porque soy cada vez más extraño.
Y todo se me ha hecho cada vez
más raro;
más daño con los años.
Quizás cumpla los 30
para cuando pase mayo;
quizás con el mismo dolor,
pero más rejuvenecido,
y a la vez, más asentado.
Ya que menciono el estar asentado,
tengo que ser sincero;
he seguido publicando,
pero en otra red social.
Con la premisa de antesala
de un proyecto
en Instagram.
Allá entre 2021 y 2022.
Presentado en forma de piezas.
Tenía sentido
de cara a lanzarme junto a un libro
que definitivamente,
vivirá en el ideal de intentarlo
y de no hacerlo realidad.
Así que se puede decir
que me he estado destrozando
en recomponerme.
Y todo se ha roto conmigo.
Tengo que ser sincero;
no he dejado de escribir.
Pero cada vez,
lo pienso aún más.
Lo hago aún más.
Porque cada vez,
siento menos.
Siento menos ganas de vivir.
Siento menos ganas de amar.
Me estoy aferrando al pasado
porque es lo único que puedo mantener;
porque es lo único que puedo hacer presente.
Me aferro a las alegrías
que se pueden encontrar en él
porque, precisamente, han expirado.
Me aferro también al dolor
que se puede encontrar en él
porque, en cierta manera, es lo único que merezco.
Porque tengo mucha suerte:
hombre
blanco
nacido en Málaga.
Tengo amigos que me valoran,
familia con la que puedo contar.
Aún tengo a personas que me soportan.
Tengo comida, ropa, ducha, cama...
todo de forma diaria.
Sin - aparente - enfermedad mortal.
Con todo el mundo abierto:
canciones,
libros,
películas,
series,
fotos,
cuadros,
sitios...
Y lo siento.
Siento que haya sido así.
Ser un miserable.
Un desagradecido.
Con buen corazón.
Sano.
Pero sin fuerza.
No hay ambición,
ni deseo.
A veces las apariencias
no engañan:
soy débil.
Soy pura flaqueza.
Rendición.
A veces las apariencias
engañan:
no hay verde esperanza
en mis ojos.
Y cada vez es más invidente:
no veo futuro.
No tengo nada propio,
salvo esta forma de ser y sentir
tan mía.
No hay suficiente madurez.
Tengo euforias extrañas.
Tengo depresión propia.
No sé si anhedonia
o distimia.
Quizás
ambas tipologías.
elautoretratodeunavida:
el autorretrato de esta vida:
se acaba aquí.
A quien esté por estas líneas:
ojalá
nunca
te plantees
ir al más allá.
- si existe -.
Ojalá no solo pidas ayuda,
sino que puedas encontrarla.
Ojalá puedas volver a ser,
a reconstruirte,
a cambiar
bajo alguna ayuda,
bajo algún estímulo.
La / El que sea.
Porque una vez que siembras
tus dudas,
tus miedos,
tus frustraciones
allí,
en el más allá,
inevitablemente,
siempre quedará alguna raíz,
y ya no hay vuelta atrás.
Solo una cuenta.
¿Hasta cuándo será?
Supongo
que será
cuando verdaderamente
acabe solo,
haciendo daños
para que toda persona que me aprecie
me desprecie.
Que ya no le importe
y/o no se esfuerce más.
Esa es la parte más difícil.
Les quiero.
Y por tanto,
no les quiero hacer daño.
Pero lo mejor para ell@s
es que no me tengan.
Tengo buen corazón.
Y quisiera morir con lo que me puedo enorgullecer.
Pero es la parte más difícil,
que como el resto,
también se pudrirá.
anedonicodistimtamenteapatico:
ese fue uno de mis nombres
que me planteé cambiar:
mi verdadera identidad.
Mi nombre oficial
es antónimo de su verbo:
Josear.
Así soy;
así tendré que ser.
Mientras,
"vivo"
- más bien, estoy -
entre los errores no encontrados
404
sin deseos que suenen a la canción de los Monkeys
505
Ártico
sin polo en el que orientarme.
Cobarde por ni intentar vivir
ni morir.
Estoy con una vida
sintiendo limbo.
Vértigo.
Nunca supe estar a la altura de ninguna circunstancia.
Y por eso,
siempre me bajé de ellas.
Vértigo.
Ahora miro más arriba.
Hasta lo infinito, lo desconocido.
Y no sé cómo se va a bajar.
Sé que por ahora me rebajo:
a la resignación.
Y al dolor
de no querer ni hacer
nada.
Quizás no me mato
porque morir sin vivir
es el tipo de dolor
que merezco:
solo así todo tiene sentido:
que vaya al ritmo
de esta agonía.
Lenta.
Entre suspiros.
Entre la rutina
y el tiempo.
Todo,
des(h)echo
y en despecho.
Bart,
te vendo mi alma.
No porque no crea que la tenga,
sino porque creo que cualquiera,
con mis circunstancias,
le sacaría provecho.
Merezco la pena.
Y parafraseando a Andrea Valbuena:
"Quien merece la pena,
la (re)conoce."
Y vive siempre con y para ella.
Dentro de ésta.
- Y no al revés -
Adiós a quien me lea.
A-Dios
si existe.
No hay comentarios:
Publicar un comentario