miércoles, 18 de marzo de 2020

(18-03-2020)

Un nuevo caso:
el rey emérito infectado 
por corrupción;
los síntomas llegan desde Oriente.
Supongo que no tuvo el cuidado suficiente.
Está ingresado en el punto de mira.

De momento, le están dejando solo.
El nuevo rey
se lava las manos.
E intenta evitar todo contacto
- aunque los compartan -.
Pero creo que es tarde;
la Casa Real parece un ambiente de contagio;
un germen donde poder cultivar tratos de favor;
un foco donde se pueden propagar sin control.
Y no (me) vale este lavado de imagen.
Habría que limpiar a fondo.

Nóos olvidéis 
de aquel caso
en el que "la Eva" y "D. Julio"
no les constaba el fraude 
hasta que se llevó la Palma,
y sus ducados.

Ya se sabe que en este sistema
no se hace justicia;
se hacen favores.
No sé, no me consta 
otra idea
de que la justicia 
dependa de nombres y apellidos;
dependan del poder que tengan o que haya ejercido.

Se dice que no se puede estar en misa 
y replicando;
y yo digo que no se puede renunciar a la herencia
y reinando.

¿Cómo hablar de una monarquía parlamentaria 
si los reyes 
no son elegidos 
por su propia nación?

¿Cómo decir que es el jefe de Estado
si no me es representado en el mío?

El Coronavirus
lleva más de 500 años
en nuestro sistema.
Simplemente, 
pido 
que ante cualquier ataque,
no queden impunes.
Que no se queden en casa;
que vayan a los juzgados,
y los jueces de verdad,
decidan con veracidad
si ingresarles o no en la cárcel.

Que pague el precio que supone para el bien común
y no se recorte
para subvencionar el beneficio propio.
Porque el mal sobra;
y me temo que cuando lo digo 
tiene una doble acepción:
hace referencia a que no hace falta 
y al hecho de que se reparten sobres entre ellos;
que son carteristas de dinero público,
precisamente, el punto en común que tienen con los bancos
- o al menos, con los suyos -

El mal sobra.
Es un (des)hecho.
Faltan la palabra.
Faltan el respeto.
No es inquina para ir a por ellos u contra ello.
Es mirar y cuidar por nosotros mismos.
Querernos un poquito.
Tener orgullo de estado,
ese que no consiste
en sacar pecho
cuando la bandera está (ondeando).

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