martes, 29 de enero de 2019

(27-01-2019)


No es pomo
todo lo que reluce.
Es salir y entrar diariamente
sin llamar
- a todo lo que me provoca -
ni cerrar
- heridas -

La dentadura 
no habla de abrir
desde aquel invierno
de hace años;
la dentadura no quiere abrir
desde que no encaja ninguna lengua
con la que tratar de entender todo esto
- nada -

El impulso siempre cobra.
La inercia quien paga.
Y yo quien se arruina.
Es lo que hay.
Es lo que sale.

Todos los metales se oxidan;
los cuerpos bronceados;
las lenguas de plata;
los corazones de oro;
los discos de platino.

Esta seguramente sea una ida de olla más,
algo que ya me es inoxidable.
Pero es que ya sé lo que se (es)cuece.
Toda una vida guisándose
para que acabe
sabiendo insípida;
a muy poco;
a muy efímera
durante mucho tiempo.
Con la carne picada
cuando llegue al punto
de irse;
tal vez incinerada
como la pimienta negra.

Aún me sabe mal decirlo,
pero ya me estoy acostumbrando al sabor.
Me estoy acostumbrando a la técnica del frío 
desde que me levanto en esta habitación,
que, como todo,
creeré mía
hasta que deje de serlo.

No es pomo
todo lo que reluce;
es darle puerta
a entradas y salidas.
Y preguntarse:
¿cuánto queda?

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