miércoles, 5 de septiembre de 2018

(17-06-2018)



Realizar tantas (re)flexiones
para intentar hacer más fuerte
el alma
de toda su carga
tiene un precio:
quemarse hasta los huesos.

A la luz de todos los hechos,
siempre me despellejo
para ponerme (en) otra piel
- aunque no lo consiga -.

A oscuras, me parto
por no empujarme hacia delante.
Siempre duele,
pero no sé si quiero salir;
si merezco salir.
No hay abrazos
ni sonrisas
que puedan mecer la cabeza,
a pesar
- muy a mi pesar -
de que algunas de ellas
me (a)cojan y me sostengan.

Supongo que todo esto quiere decir
que soy un bebé a-borto
de la (super)vivencia
y sus situaciones embarazosas
- nunca deseadas por mí -.

Pueden ponerme a parir
por no hacer nada.
- Ni el amor,
ni el odio;
ni por deseo,
ni por despecho;
ni esfuerzo,
ni pereza;
ni por éxito,
ni por fracaso -
Supongo que eso es sinónimo
de estar des(h)echo
- de ser tóxico por no descontaminar(se) -.

Supongo que si tengo vértigo,
es consecuencia,
y a la vez, causa
de negarme a montar en cualquier atracción.
De admitir que hoy por hoy,
no puedo estar a ninguna altura
- por muy pequeña que parezca -.
Solo guardando las distancias.
- A kilómetros de millares de personas
estando justo a su lado;
nunca acercándome a una;
ni mucho menos a centímetros
de un beso con alguien
que me guste a le(n)guas,
sobretodo si lo sabe o lo sospecha
y no (me) quiere (querer) -.

Sufro contracciones
ante mi pasividad.
- Calambres que me recorren
cuando no hay ninguna chispa de electricidad -
Sufro contradicciones
porque no dejo de hacer ru(t)ina.

Por eso,
en todo este periodo
que algún día acabará,
prefiero adoptar esta postura
de que solo existo.
Hoy por hoy,
no vivo;
paso (d)el tiempo.
Disfrazo de color
este tono grisáceo
que va a juego
con el blanco y negro
que llevo.

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