pasan y arrasan
entre los arcos de triunfo;
arman de vamor
a los que quieren;
a los que quieren querer;
a aquellos que están enamorados;
a aquellos que se niegan a romper;
a aquellos que no dudan en luchar
o permanecen en la trinchera
del campo de esta batalla mundial.
Yo soy del bando de los caídos;
de los que se dan por vencido;
de los que tienen el corazón en blanco,
con una punta clavada;
de los que sienten que no pueden volver a hacer diana;
de los que sienten que un dardo no saca a otro dardo.
De los que se centran en otros objetivos,
a la sombra de la luz
que proyecta la sociedad
de la importancia
de formar parte de tal objeto
para la estabilidad.
Y es que aquel niño,
a pesar de que también lleve alas,
puede estar por los parques,
pero tampoco puede entrar a los bares.
Otro Dios que dice ser omnipresente;
que juzga en pecados
los actos que no comprende.
Si se me empalma el alma,
no dudaré en intentar levantarme.
Salir del fango
como una flecha.
Salir a correr,
aunque (no) vuelva a llegar a ninguna parte
y me vaya a volver.
Salir follado
haciendo el (des)amor.
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