En la arena, lucharon dos almas,
hasta los huesos encarnadas,
calados gracias al deseo al que se asaban.
De testigo se ponía el sol durante cada mañana,
de los intensos golpes bajos que empuñaban los del calor de sus labios,
las estrellas que traían este asalto desde el ring hacia la cama;
no buscaban otro título más;
tan solo aflojar el cinturón para ponerse en aprieto en batalla.
hasta los huesos encarnadas,
calados gracias al deseo al que se asaban.
De testigo se ponía el sol durante cada mañana,
de los intensos golpes bajos que empuñaban los del calor de sus labios,
las estrellas que traían este asalto desde el ring hacia la cama;
no buscaban otro título más;
tan solo aflojar el cinturón para ponerse en aprieto en batalla.
Se remolcaron en el mar,
una y otra vez;
a él le sonó el corazón,
cuando una brisa ajena le hizo saltar el ring de alarma;
pero a ella se sopló la suya por su espalda,
pues rara vez quiso sumergirse en su océano
de deseos, de miedos;
de gustos, de complejos.
a él le sonó el corazón,
cuando una brisa ajena le hizo saltar el ring de alarma;
pero a ella se sopló la suya por su espalda,
pues rara vez quiso sumergirse en su océano
de deseos, de miedos;
de gustos, de complejos.
A menudo lo ahogaba cuando lo dirigía hacia la orilla sin importancia,
por su corriente de dejarse llevar
y lo diario de conectar con nadie,
aunque brotaran chiribitas, que se escribían, pero siempre ella borraba.
por su corriente de dejarse llevar
y lo diario de conectar con nadie,
aunque brotaran chiribitas, que se escribían, pero siempre ella borraba.
Tal vez tenga miedo a bucear;
yo pienso que no quiere descubrir que puede respirar bajo el agua;
saborear lo dulce que puede esconder la sal;
es tan sólo una chica tierna durante el ardor,
pues mientras no golpea, se endurece,
como un hierro oxidado que no quiere ser doliente
cuando forja el amor, donde condensa sus grilletes.
yo pienso que no quiere descubrir que puede respirar bajo el agua;
saborear lo dulce que puede esconder la sal;
es tan sólo una chica tierna durante el ardor,
pues mientras no golpea, se endurece,
como un hierro oxidado que no quiere ser doliente
cuando forja el amor, donde condensa sus grilletes.
Nacen rayos, y centellas mueren al hacerse chispas,
que prenden en ruinas que se van asentando en el templo de las llamas.
que prenden en ruinas que se van asentando en el templo de las llamas.
A él le quedan las cenizas que se esparcen al viento del olvido,
con cierto aire de desgana,
que intentan huir de este frío;
todos son cómplices del calor que ofrecía el incendio,
maldecido ahora en infierno,
pues se está haciendo hielo
mientras alumbra ese gran copo en el cielo,
símbolo de la nieve que le ha ido cubriendo durante esos meses hechos de tormento.
con cierto aire de desgana,
que intentan huir de este frío;
todos son cómplices del calor que ofrecía el incendio,
maldecido ahora en infierno,
pues se está haciendo hielo
mientras alumbra ese gran copo en el cielo,
símbolo de la nieve que le ha ido cubriendo durante esos meses hechos de tormento.
Nadie acaba ganando aquella guerra estival;
una persona va quedando KO cuando la otra se da por vencida.
A veces asaltan sus fuertes,
pero siempre les invaden sus defensas
y perdura como reina la distancia;
a medida que un atacante esquiva,
su oponente se bloquea.
una persona va quedando KO cuando la otra se da por vencida.
A veces asaltan sus fuertes,
pero siempre les invaden sus defensas
y perdura como reina la distancia;
a medida que un atacante esquiva,
su oponente se bloquea.
La lucha aún perdura, pero cada combate les desplaza,
haciéndose más violentos,
con menos maña;
creando todo un desierto
que levanta a dos cuerpos que descansan.
Acabarán muriendo en paz,
y empezarán a vivir sus almas
velando en discordia durante el luto de este entierro fantasma,
todavía abierto a enterrar la fe
cuando ambos bajen del altar.
Creen en el amor,
pero ya dudan de su capilla.
Mientras, se están dando por saco.
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