Una noche, caí estrellado
en el cielo que esconde tu rostro,
bajo un par de destellos
que despojaron el alumbrado
Olvidé que no íbamos a chocarnos
recordando que maniobramos desvíos
entre sendas y pistas que movieron aquel indicio
a rastros que nos dejamos en cada escenario.
Tal vez fue una vía para asegurarte
de no precipitarte entre señales,
por las que nos dejamos llevar
hacia ojos de huracán,
que guiñaron al desastre
sin llegar a parpadear.
Tengo presente tus pestañas, en el aire,
como el futuro de verlas soplar
por este vendaval, sin olor a crimen,
pero con ganas de matar.
No hace más que darme vueltas;
oscilo que todas me hacen temblar,
cuando me recorre la curva de tu sonrisa,
a la que no sé si podré entrar;
por suerte, la cogí antes de tomar salida.
Hasta llegar el día, estuve despejado;
pero ahora el tiempo me sigue nublando,
en este cuarto creciente de sueños,
que menguan conforme sube el silencio.
Y así frena enero;
queriendo volver a encontrarme en tus ojos,
aunque sepa que puedas perderme.
No hay comentarios:
Publicar un comentario