miércoles, 4 de abril de 2012

España


Desde su invención, el dinero se ha convertido en una necesidad cada vez mayor en nuestra sociedad para vivir en ella. Desde un punto de vista objetivo, con él se adquieren aquellos bienes fundamentales dentro de aquellos campos necesarios para subsistir (vivienda, alimentación, vestimenta, salud…), por lo que se trabaja para su obtención. Además, se pueden adquirir otros bienes y servicios opcionales, pertenecientes a campos alternativos, como el del ocio o el de la cultura, cuyo objetivo es enriquecer y fomentar nuestro conocimiento y/o entretenimiento.

Sin embargo, desde un punto de vista subjetivo, el dinero ha corrompido a la sociedad, puesto que éste la ha dividido en diferentes clases sociales, basadas en la cantidad de riqueza y en la de los bienes, así como el valor de éstos. Además, dentro de cada clase social, en base a la media de la riqueza dentro de cada una de ellas, existe una cada vez una mayor necesidad por la obtención de aquellos bienes más innovadores, más sofisticados y más modernos, especialmente dentro de los campos de la vestimenta y el de la tecnología, cuyo objetivo es estar a la moda, con el fin de mejorar nuestra vida social y/o laboral y nuestra posición social y/o laboral, ya sea para una aceptación o para liderar dentro de un grupo.

Todo ello provoca un mayor consumismo, y con ello, un crecimiento de la dependencia de bienes, y de sus posibles servicios, llegando a la consideración de que dichos bienes son indispensables en nuestra vida. Y es por lo que, ante esto, se recurre a medios para obtener un dinero fácil y rápido, mediante el juego, para poder recurrir al consumismo. Aunque, ante la imposibilidad de obtener dichos bienes mediante el consumismo, unida a la necesidad de mantener y/o mejorar nuestra vida diaria y social, existe la posibilidad de obtenerlos mediante el robo de éstos, unida a la violencia y/o amenaza para ello. Este tipo de resultados son consecuencia de la división social establecida por el dinero, unidos a la existencia de una mayor desigualdad y de una mayor inseguridad, tanto individual como colectiva.

Con todo ello, todos los bienes, tanto los necesarios como los opcionales, se han encarecido aún más, desde la alimentación hasta la vivienda, pasando por libros, CD’s, películas, juguetes y todo tipo de bienes. Es decir, la vida se ha encarecido. Frente a este encarecimiento, existe un estancamiento en el salario laboral, mediante retenciones, bajadas e incluso impagos de dichos salarios, consecuencias dadas en el mantenimiento del organismo laboral y/o el beneficio personal de sus dueños. A este estancamiento se le une, gracias a la reciente aprobación de la nueva reforma laboral, el abaratamiento del despido y empleados anuales gratuitos en una empresa, ya que ahora un empleado en prácticas puede trabajar gratuitamente durante el periodo máximo de un año, sin necesidad de que éste reciba una pequeña cantidad económica durante dicho periodo, ni reciba una compensación económica tras ese periodo.

El encarecimiento de la vida, unida a esta situación laboral, caracterizada por el actual número de desempleo y por la situación laboral anteriormente detallada, crea otro estancamiento, el del consumismo. Lo que, a su vez, el órgano gubernamental no obtiene numerosos beneficios, destinados, teóricamente, a la ciudadanía, ya que las empresas que se encargan de distribuir aquellos bienes reciben menos ingresos. Este nuevo estancamiento lleva a que el gobierno plantee, adopte y promulgue nuevas medidas, de las cuales parte de ellas afectan a situaciones nunca antes modificadas, como al control de Internet, atentando contra numerosos derechos étnicos, como la libertad de expresión o del intercambio de contenidos culturales, sociales y/o educativos, mediante leyes, como, en este caso, aquellas denominadas Sinde y SOPA, las cuales tienen el objetivo común de la defensa de la propiedad intelectual y la de los derechos de autor, con la finalidad de fomentar el consumismo y, a su vez, a una mayor obtención de los beneficios del gobierno.
Toda esta serie de medidas, dadas por las situaciones anteriores (el encarecimiento de la vida y la situación laboral) llevan a un aumento en la lucha por la subsistencia en la vida, puesto que hay una mayor dificultad en la obtención de aquellos bienes y servicios necesarios diariamente, y también, en mayor medida, en los opcionales.

Cuando comparo esta situación, en donde, básicamente, se paga más y se cobra menos, con la de otros países, como en Alemania, en donde se cobra más y se paga menos, no puedo evitar pensar que algo falla aquí en España. Y una de las grandes diferencias  se encuentra aquí: http://www.futbolprimera.es/2012/03/29/%C2%BFentrada-90-euros-1-euros-por-minuto-%C2%A1el-futbol-no-es-sexo-telefonico
 
Esto me lleva a pensar que, al parecer, los diversos miembros del gobierno, entre otras personas, no desean “sacrificar” su beneficio personal, sino, al menos, mantenerlo, aunque para ello se tenga que garantizar una mayor posibilidad de la subsistencia de algunos miembros de la ciudadanía a la que gobierna y/o controla, sin posibilidad de ofrecerles facilidades para que éstos puedan sobrevivir en la vida.
Sin analizar otras de sus posibles actividades para ése objetivo, como el de la corrupción, con todo esto intento plasmar una crítica constructiva por la que, no solamente los políticos, sino todos, podamos obtener el beneficio individual que nos corresponde, ni más, ni menos, sin tener que alterar el de los demás, ya sea en su beneficio o en su perjuicio, independientemente del mundo laboral, pues no todos son económicamente obsequiados del mismo modo, dados al hecho de poder trabajar, de una serie de requisitos para ello, tanto prácticos como académicos, así como de la función laboral que desempeña, así como a su importancia dentro de la contribución a la sociedad. Quizás esta crítica sea utópica, pues solo teorizo, y no ofrezco ningún modo ni forma para que todo ello pueda llevarse a cabo.

Sólo se que, de este modo, seguramente, el empleo del dinero se base en propósitos más objetivos que subjetivos, de manera que se valoraría más su utilidad, y se dirigiría a lo que verdaderamente necesitamos, en lugar de pensar en lo que nos pueda proporcionar socialmente. A su vez, se valoraría más la esencia y el contenido moral de los bienes, puesto que, detrás de cada uno de ellos, existe un valor individual, con el que valoramos la importancia que nos puede transmitir, con lo cual poseemos un valor individual sobre diversos bienes, y a sus servicios, sobre el que consideramos si un producto nos es esencial o no.

Por tanto, la felicidad se basa, pienso, en el valor moral que se esconde detrás de los bienes y servicios que adquirimos con el dinero, y con quienes podemos compartir dichos bienes y servicios. 

Pero mientras exista gente que, pese a tener o no un fuerte poder adquisitivo económico, siga dispuesta a comprar bienes a cualquier precio, simplemente por cuestiones del reconocimiento y de la “confianza” de dichos bienes, en vez de regirse por su calidad, no habrá bajada de precios, y habrá menos diversidad de felicidad, pues mientras unos puedan comprar obras de arte, otros posiblemente no puedan ni alimentarse. Esto bien se refleja en esta otra página: http://es.paperblog.com/el-mercado-del-arte-178515/
 
Así será el mercado, y la crisis actual, la cual, al fin y al cabo, seguirá siendo para los mismos.

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