Espero y confío
en que estas navidades,
los Reyes Magos,
aunque tengan que apretarse la mascarilla,
no pongan más distancia
entre los sueños,
la magia,
que aún así,
tenemos que considerar milagro;
que el carbón solo sea viable como base
para quemar todo lo malo;
para asar
todos estos meses tan crudos;
darles la vuelta
para saborearlos a gusto
gracias al calor de una buena compañía.
Que cada árbol de navidad
ponga de raíz todo el amor
que cuelga en nosotr@s;
ahora más que nunca
es lo que nos sustenta
- lo único que nos queda -;
lo que siempre se ha cobijado
junto a las mesas,
a los encuentros.
Los nudos en el estómago.
Lo que siempre se ha cobijado
junto a los regalos,
a los detalles.
Los lazos.
Esta Nochevieja será
una noche
completamente nueva
para tod@s;
y a partir de sus campanadas,
el segundo inicio de un año extraño.
Con las dificultades
y los sacrificios
que aún tocarán a contrarreloj.
Pero más que nunca
llenos de esperanza,
llenos de amor,
llenos de salud.
Esa es la verdadera riqueza.
Una cuenta corriente
llena de fondos humanos.
Una cuenta corriente
que no ingrese más hospitalizaciones;
que no deposite más vidas
para su transferencia
hacia ese destino opaco
al que llamamos "ver la luz".
Y es que tal y como (d)escribí en otro texto,
el dinero es otro material más
al que se le dio todo el valor
para dárselo al resto de las cosas
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