viernes, 14 de junio de 2019

(31-05-2019)




"Si el amor es un juego,
yo no soy de los que me divierto con él;
por eso,
pierdo,
aunque no me juegue nada,
excepto el tiempo,
del que nunca se puede saber cuánto tengo,
o qué es lo que queda.

No tengo una apariencia apuesta,
ni soy de sus favoritos
en cualquier casa
- o salón -

Por eso, mis amores Platónicos
siempre acaban en Descartes.
En desear a personas
que no me podrán amar.
- Puede que yo
nunca supiese hacerlo -
En sentir
- luego existen -.
En(-)d(e)udar.
En (des)bLockearse.

Y es que cuando quiero por amor,
por capricho, acaba sin querer.
O dicho de otra forma:
cuando sí, no puedo.
No me dejan 
y/o no se dejan.

Si el amor es un juego,
yes, I Kant.
Soy crítico de esta razón pura,
que prácticamente ex(s)alto
por mi (in)experiencia.

Las cartas que uso
están entre palabras.
Las piezas del corazón
- ese rompecabezas tan popular -
desalmado,
por los suelos.

No tengo el gusto de ninguna lengua.
Ningún (con)tacto íntimo con otra piel.
Ninguna vista de vuelta a mi mirada.
Ninguna voz que tiemble junto a mi garganta.
Ningún perfume como oxígeno
- tan solo 2,
el de una rosa negra
y el de unos rayos ultravioleta
cuando me sumerjo en el recuerdo
y agito sus algas -

El amor tiene sentido
cuando los pierdes
recreándote en él.
La nostalgia
por donde quedan.
Y el desamor,
cuando se lo das a Soledad.
Me quiero más,
pero a veces,
no puedo evitar tener la sensación
de que es lo de menos
cuando ella pide un ser igual
(in)distintamente.

Multiplico mi espacio
por mis aficiones,
y a la vez, 
me divido entre la gente 
y el mundo.

Multiplicar por 1
da a un@ mismo
- la plenitud hueca -
Pero dividirse entre todo,
te da nada.
El resultado:
ser significadamente
insignificante
- un vacío lleno -.
Para nadie de manera especial.
Para algunos de forma particular." 

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