domingo, 31 de marzo de 2019
(31-03-2019)
Tengo esta copa roja
de vergüenza.
Como en otras ocasiones mis ojos.
Vergüenza
por intentar (re)colocarme
en algún lugar
cuando siento que ninguno
me corresponde.
O llorar por ello.
O ambas cosas al mismo tiempo.
¿Cómo no dejar que el pánico cunda
en el caos?
¿De qué sirve cada sueño
si lo que nos inquieta
es dormir eternamente?
¿Por qué liarse
cuando se están perdiendo los lazos?
Suelo ir siempre desnudo,
nunca follando.
A veces haciendo el amor
conforme también lo deshago.
Soy un voyeur
de las personas cuando felicen;
(omn)impotente
en mi caso;
es algo superior a mí:
mis propias debilidades,
cada una con su nombre.
Aunque casi nunca se haga.
Por mucho que vino;
por tanto que vine,
nada vuelve.
Salvo sus tragos,
que forman parte de los algos
de esta inmensidad
tan largamente efímera.
De esta mentira
tan real
que es la vida.
Tal y como este vino,
todo se va;
todo se irá.
¿Por qué hacer valer
toda esta mentira?
¿Acaso no es eso faltar
a la verdad?
¿No la es
que morir y matarse
tienen el mismo fin?
¿Acaso eso justifica
todos los m(i)ed(i)os posibles?
No sé si todo esto nace
por (v)endimia sana
de pisadas ajenas,
por falta de fuerza
al dar mis pasos
o por temor
a este camino
que todos compartimos.
No sé si quiero remarcarlo.
No sé si quiero dejar huella.
No sé,
porque dejaré de ser una marca en la orilla del mundo
cuando me tenga que llevar el mar.
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