Hay una maleta en la esquina,
con la piel herida
de dar vueltas por el mundo;
mares de botellas vacías,
donde ahogué mensajes para rosas,
que me hicieron malta
para ir tragando sus espinas.
Un suelo cubierto de cenizas,
sobre el que emprendo mis pasos hacia la vida
para hacer deshielo.
en la lámpara donde frota la apatía
y no aparece ningún genio;
tan solo mi propio desánimo
al aspirarse cada deseo.
Una silla donde se sienta la ropa,
desgarrada de mis tejidos.
Y su consiguiente mesa,
donde se me levanta el alma
y dejo estropicios al dejarla correr.
En la cama, descansa la realidad
de estar solo y sin sueño.
Cae el pomo de su puerta,
que se encierra echando el pestillo
entre el resto que hace sobras
por mandarlo todo al traste.
Estoy al servicio de ser un deshecho;
en un estado de desastre.
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