Actualmente, vivimos en una sociedad muy avanzada
tecnológicamente, en el que abunda mucha información de cualquier tipo, que
incluso puede contradecirse entre sí. Entre toda esta revolución electrónica,
se encuentra la televisión, que está considerada como uno de los medios de
comunicación más básicos e imprescindibles en nuestra sociedad. No sólo se
caracteriza por su amplio y variado contenido, sino por la forma en que éste es
transmitido, bajo una interacción producida mediante diversos estímulos
audiovisuales (imágenes, sonidos…) que logran captar fácilmente la atención de
cualquier sujeto que se encuentre a su alrededor. Y también se caracteriza por
la publicidad, y su frecuencia, con el único fin de fomentar el consumismo y,
en mi opinión, crear cada vez mayores necesidades y dependencias en nuestra
sociedad.
Por otro lado, los niños, ya desde muy tempranas edades,
tienden a imitar casi de forma permanente todo lo que observan o escuchan en
sus más diversos y amplios entornos de su vida, especialmente en aquellos más
cercanos y frecuentes, con el fin de aprender todas aquellas conductas que ven
y oyen para poder usarlas, ya sea de forma cotidiana, o en situaciones
concretas; todo eso provoca que, paulatinamente, vaya formando y/o reforzando su
propia identidad personal (que incluye, entre otros aspectos, su ética, su
moral, y sus maneras de pensar y de actuar) mediante la interiorización de
dichas imitaciones con el paso del tiempo.
De esta forma, todo lo que ocurre en el entorno, puede llegar
a influirles de algún modo; dentro de esta influencia, la televisión está
incluida dentro del contexto familiar, fundamentalmente, no solo por el
contenido en sí, sino por todas las conductas que pueden verse y escucharse en
los personajes y/o personas que lo transmiten.
Hoy en día, pienso que la televisión posee más aspectos
socializadores que educativos: por ejemplo, hay aspectos socializadores que ya
que están conceptuados y asimilados, y que, por tanto, suelen pasar
desapercibidos, y se refuerzan gracias a la televisión, como el de los
estereotipos, gracias a los roles de género, el cual aparece tanto en la
publicidad como en los programas, estableciendo determinados gustos y acciones
determinadas en base a cada género, como el de los niños por los coches y
pistolas, o el de las niñas por el color rosa y por las muñecas. También
aparecen otros roles, en base a otros aspectos como el de la raza, la
procedencia, o las clases sociales.
El hecho de que la televisión se haya convertido en un medio
tan accesible y diario dentro del contexto familiar, no sólo conlleva que se
haya generalizado su uso, sino también que éste haya aumentado, de tal forma
que un niño puede pasar perfectamente 6 o 7 horas diarias viendo la televisión;
ese tiempo dedicado a ver la televisión impide realizar otras actividades, las
cuales seguramente sean más entretenidas, importantes y/o necesarias para el
niño, como el juego (sea en casa o en la calle), el dibujo, el ejercicio, el
canto o la lectura, que potenciarían aún más la unión familiar y/o social entre
sus iguales.
Pero, en mi opinión, el tiempo que un niño dedica no es lo
más grave de todo esto; para mí, el mayor problema es el contenido que está
sometido a ver, sin poder cuestionarse si es realmente bueno o malo, así como
las acciones y conductas que aparecen junto a ése contenido; es por ello, que,
en este aspecto, la televisión puede llegar a ser un agente socializador y/o
educativo para el niño: todo ello depende de la familia, la cual pienso que
debe controlar y asesorar junto a él tanto el contenido que ve como el tiempo
de uso de la televisión, de manera que permita al niño tanto analizar,
cuestionar y opinar sobre el contenido que ve junto a su familia, como realizar
otras actividades diversas. De esta manera, no solo se formaría su propia
identidad personal de manera autónoma, sino también que se potenciaría el
vínculo familiar, siempre a través de la comunicación y la dedicación; de esta
manera, considero que, independientemente del contenido, podría llegar a ser
educativo para el niño, por muy presente que éste pueda estar en la realidad.
Aunque, por otro lado, no hay que olvidar que el niño está
sometido también a sus iguales en sus diversos ámbitos sociales, especialmente
el escolar, lo cual puede incitar e incidir al niño a seguir una “moda
televisiva” por cuestiones de socialización; este tipo de moda estaría
caracterizada por aquellos programas que se ven más, normalmente los más
novedosos de dibujos, debido,
básicamente, a las conversaciones y a las imitaciones que se producirían, ya
sea en decir las frases más usuales, como en repetir los gestos y comportamientos
más habituales.
También cabe mencionar que el niño puede crear una
dependencia y necesidad a ver la televisión, aunque sea un programa concreto,
la cual puede ir creciendo paulatinamente, ya sea por cuestiones de
socialización entre sus iguales, y/o por el posible habitual uso frecuente de
la televisión en su casa.
También esta relación entre moda y necesidad puede someterse
en cuanto a diversos artículos (como juguetes, agendas, etc.) debido a la
publicidad intercalada en la televisión; estos artículos los hacen tan
atractivos e interesantes que crean a los niños la necesidad de hablar sobre
ellos entre sí y de tenerlos, pudiendo crearles una insatisfacción con todo
aquello que puede tener; indirectamente, esta creación de necesidades suele
llevar a sus familias al consumismo, especialmente durante periodos concretos,
como el de la Navidad. Eso sí, dichos artículos suelen ser específicos en base
al género, como he ejemplificado anteriormente con la creación y fortificación
de estereotipos.
Aún así, pienso que la última palabra la tiene la familia, contemplándose
someterse a esa “moda televisiva” y/o a las necesidades del niño en ver la
televisión, independientemente de que el programa sea considerado o no
educativo por la familia.
Por tanto, la televisión, como agente que interviene en la
formación integral y social del niño, puede serle favorable o perjudicial; todo
depende de la familia, de todo aquello que controla y/o permita la interacción
entre el niño y la televisión, y la imitación que puede producirse
posteriormente.
Pero, obviamente, en esta sociedad tan tecnológica, la
televisión no es el único agente que puede intervenir en el niño; para mí,
existe uno mayor, y ése es Internet, el portal en donde existe cada mayor
número de información existente de todo tipo, presente de varias formas, y procedentes
de diversas fuentes y páginas; pero Internet no está limitado exclusivamente a
buscar información, pues ha avanzado con el paso del tiempo, extendiéndose su
uso adaptándose cada vez más al mundo que nos rodea, y a las posibles
necesidades existentes, formando así cada vez más parte de nuestra vida diaria:
por ejemplo para contratar o publicitar servicios, para comunicarnos o para
expresarnos libremente; eso sí, lógicamente, todas esas posibilidades solo están
disponibles para aquellas personas que puedan tener una conexión para poder
acceder y usar todas ellas, sea mediante un ordenador, o cualquier otro
dispositivo. A su vez, creo que otro requisito es saber usar Internet
adecuadamente para realizar y/o requerir todo aquello que podamos necesitar y/o
querer de la forma más segura y cómoda posible.
Internet puede convertirse para los niños en un medio de
aprendizaje muy efectivo y entretenido, mediante una instrucción por parte
tanto de profesores y de familiares para que puedan buscar todo aquello que
pueda inquietarles o interesarles, y de diversas e interactivas maneras; por
ejemplo, a través de videos, imágenes, sonidos, principalmente. Aunque también
existen diversos portales de internet en donde puedes recopilar información de
distintas formas, pudiendo complementarla o modificarla cuando se considere
necesario; además, puedes personalizarlo mediante la elección de un diseño
atractivo, o añadiendo elementos en dicho portal, como webs o blogs.
El mayor problema para ello es que, pese a que la tecnología
ha ido avanzado, en las instituciones escolares no se está potenciando al
máximo su uso y sus numerosos avances para poder enseñar a los niños, pese a
los dispositivos electrónicos que pueda tener en las aulas. Otro de los
problemas es que no todas las familias pueden tener acceso a Internet, debido a
falta de interés, carencias económicas y/o a procedencias sociales; y, por otro
lado, independientemente de si se tiene o no conexión a Internet, los tutores,
tanto familiares como educativos, no sepan usar estas nuevas herramientas
tecnológicas, ya que pueden no estar familiarizados, o ni tan siquiera conocer
las nuevas tecnologías, ni por tanto sus posibilidades de uso. Además, desde un
segundo aspecto, para potenciar esta nueva forma de trabajo de
enseñanza-aprendizaje, se requeriría una continua dependencia colaborativa
entre familia y escuela, pues
una falta de interés y de contribución en potenciar y/o inducir ciertos
contenidos y elementos educativos por parte de una de estas instituciones
podría desestabilizar este proceso.
Por
otro lado, cabe señalar que, a medida que Internet ha estado aumentando y usándose
cada vez más, han surgido nuevas tecnologías (como las tablets), o modificado
otras (como los móviles), con el propósito de que sus nuevas características se
centren en el uso de redes móviles de Internet; de este modo, estas nuevas
tecnologías han ido formando cada más parte de nuestra vida, hasta tal cierto
punto que, bajo mi opinión, nos está deshumanizando entre todos nosotros, pues
debido a las nuevas herramientas surgidas para fomentar la comunicación, como
WhatsApp o Twitter, están limitando a su vez la comunicación personal, y con
ello, las relaciones interpersonales, sean con familiares, laborales y/o
sociales.
A
su vez, esta circunstancia nos ha creado una creciente necesidad de estar
conectados, y de tener Internet, al menos en casa o en un dispositivo portátil.
Y creo que todo esto puede afectarnos gravemente más adelante, pues considero
que esta circunstancia solo ha comenzado. E incluso empiezan a haber niños que
piden y saben usar parte de ésas nuevas tecnologías, sometidos, en mi opinión,
bajo los diversos contenidos de Internet, y de ése proceso de deshumanización; al igual que la televisión, Internet, y el
mundo que le rodea, pueden ser favorables o perjudiciales para el completo desarrollo
integral de un niño, puesto que, al ser agentes que también intervienen en su
formación integral y social, está sometido, por lo menos, a los mismos riesgos
que puede producir la televisión.
Yo
solo espero que podamos crecer con esta sociedad tecnológica, y no dependiendo
de ella, ya que, de ser así, se estaría perdiendo, o “informatizando” bases tan
fundamentales y necesarias como la comunicación, el juego, o la lectura,
perdiendo de esta manera el factor humano, y sus posibilidades y
características, tan vitales como inigualables, en mi opinión.
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