
Cuando los paseos se quedan vacíos
al llover sobre el mar;
cuando hay puertas que se te (en)cierran,
viendo huecos de sobra
por donde poder conquistar(te)
- y sin embargo,
quedarse esclavo
de la apatía;
no puedes hacerte daño,
ni ir al son de la risa;
obedeciendo a los miedos
para no tener nada que temer -

En esos paisajes,
en estas fotografías,
me descubro yo.
A solas.
Sin nada ni nadie.
Sin poder echar de menos;
sin poder echar de más.
Cuando por mucho que dé el paso
no marca ningún camino;
al llorar sobre el barro,
con estas botas
(des)ahogándose
en la arena
de saber
si estoy luchando sin ganas
o si me estoy rindiendo
con todas mis fuerzas.
Cuando no dejas abrir al corazón
si está golpeando
por dejar entrar algún acto de impulso
con su emoción.
- Una insinuación;
un beso;
un polvo;
un deseo al que poder susurrar
en las velas de una noche
que podremos dormir
o seguir despiertos;
que dará igual,
porque igualmente ya hay sueño(s) -
Hace tiempo que no hay estíos;
solo veranos de altos grados.
Nada está templando.
Y el tiempo volverá a decir
que son momentos de llover;
que son momentos de tener frío.
Aunque viva así a todas horas.
Porque soy otoño e invierno todo el año.
Dejo caer hojas
con las palabras al viento,
inspirado de hielo y nieve.
Congelado.
Y cuando esto es así,
que alguien me ayude a responder:
si ya estoy atormentado,
¿por qué sigo
con el miedo a llover?
Si ya estoy hundido,
¿por qué sigo
con el miedo a mojarme?
Si ya estoy apagado,
¿por qué sigo
con el miedo a avivarme?
Solo en esta guerra,
algunos tenemos fe.
Muchas veces,
yo ni siquiera creo en mí
- unos 30 días al mes -;
porque no me veo más allá
del ahora.
Porque de lo único que estoy lleno es de dudas;
porque siempre respondo vacío.
Porque tarde o temprano,
seré inexistente.
Y si ya estoy acabado,
¿por qué sigo
con el miedo al final?


No hay comentarios:
Publicar un comentario