domingo, 13 de agosto de 2017

Flameado de huesos (Composición)


Bebo rojo el tinto
para olvidarme de tu pelo;
me siento como extinto
si no vas a provocarme un incendio.

Todo me arrasa
desde que decidiste no llamarme;
como si nada nos hubiera avivado.
Todo se va haciendo humo
desde que llorara al mundo;
como si nadie me diese calor.

Y es que ya no hay nada;
nada mejor que el ardor en la garganta
de pociones de dragón
para ahumar este cuerpo apagado;
el mismo que vió la luz en tu fuego;
aquel iris que recuerdo al final de cada túnel,
donde me muero por ti.
Donde empezó esta oscuridad;
el principio de mi final.
Nuestra ruptura tenía fin;
el fin de acabar conmigo;
de que antes zanjase contigo en un principio,
pero es que aún no termino de echarte de menos.
Y acabo de escribirlo...
por centésima vez.

No me corto en sentirlo;
y así, aunque la vida diga que nos está dejando,
yo he sido alguien que antes la he dejado de vivir.
Aún seguimos dándonos tiempo;
no sé si necesitaremos más años
para contemplar volver.
Aún sigo frío
cuando nos encontramos cada día.

Si quieres, puedes intentar llamarme
entre toda esta espera desesperada.
Sabes que estoy apagado
cuando estás fuera de cobertura;
siempre desde un entonces
que sonó como nunca
y retumba más allá.

Ya no sé si hablo de la vida
o de aquel último amor.
Tal vez es que ambas tengan el mismo (in)móvil.
Alguien que sigue marcado
de un número
con el que llegó a contactar.
La herida se quedó grabada.
Y su sangre grapada
en no poder pasar página
de este comunicado
en el que literalmente (no) digo nada.
Aunque con muchas metáforas que lo encubren todo.

Y bebo rojo el vino
para olvidarme de cómo (se nos) fue;
me siento sin destino
si no me queda ninguna parte.
Y así (me) va;
sin tener pie.

No hay comentarios:

Publicar un comentario