viernes, 23 de septiembre de 2016


El ataque de tu (son)risa vuelve a agredir
todo llanto que antes me defendió.
Fue preciosa aquella guerra,
aunque durara un par de instantes.

En cambio, ahora los sostienen;
ahora estallan secuelas que no me dejan en paz;
ahora invade mis ojos,
sudados de tanto esfuerzo por olvidarte;
pero aún queda una vaga lucha por verte,
aunque ya no quiera tomármela en serio.

Ahora en realidad,
el ataque de tu (son)risa luce una broma macabra;
(re)cordarla como un loco
en el manicomio del silencio;
tenderla conmigo en la cama,
para así secarnos con este frío,
que siempre llama tanto...

viene otra avalancha de cenizas
sin que importe que no haga ningún grito;
acude ante el ruido de fuera de la escarcha,
donde intento romper el hielo
de esta situación tan incómoda;
mi alma se echa a barras con picadora
sin sentir ganas de rascar,
como una carne de cañón
sin tener pólvora que la prende;
ya no voy pidiendo-té,
y solicito que me sirvan café-helado,
el cual me evoca a tus ojos,
sea por esta causa,
o por ese (d)efecto que me provoca;
brillan con o sin mi ausencia.

Quizás absorberlo
vuelva a dejarme soñando
sin poder dormir.

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