con tus labios como protesta.
El caso es que aún admiten mis besos,
pero todavía son rechazados por tu boca.
A mi juicio, perdido, sentencian estos versos,
que de estas ganas de comerte, no queda apetito para otras.
De cadena, perpetúa la sed, pues hidrata el deseo
que empapa este anhelo ante mis ojos entre gotas;
el vaho fresco que se asfixia en el mar de estas olas,
al que templa sin calma, aunque vacía,
como este marinero anclado en la tormenta del recuerdo
mientras transcurre la tempestad de la agonía.
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