domingo, 6 de julio de 2014

La resaca al fresco (composición)

Aún se dan por sentadas
las madrugadas que paso en pie
hasta que llegan sus mañanas,
en el mismo camino de añorar tu mirada,
ya cortado, por decidir darme la espalda,
sin dejarme más salida que la de permitir que te largaras,
dándome la entrada a este amor,
tan despierto en mi alma,
que tiene que dormirse en la nada;
ahora, solo encuentra noches que le desvelan
cuando los sueños imaginan una realidad junto a ella,
la chica de fragancia ultravioleta,
que ya no broncea, solo quema,
por la chispa que se encuentra
entre su pelo rojizo y sus piernas,
siempre blancas por su carne,
o asadas a sus medias.

Fue tanta la pena guisar esta pasión entre llamas en cadena,
que se vale por los besos que acabaron arrojados en la hoguera,
porque tuvieron las ganas de servirse a nuestra lengua,
servidas en la misma barra, con dos corazones de hielo,
que se fueron derritiendo entre varias copas:
todas con dos dedos de deseo
y otros tres de miedo
a querernos perdiendo,
saboreando así la valentía para aparecernos,
pero congelando poco a poco los cuerpos, los gestos,
tus ganas de volver a vernos,
y mis ganas de no dejarlo morir corriendo
hasta que no quedase aliento.

De sus sobras, sigo bebiendo,
con chupitos de cada momento
cargados de recuerdos,
para intentar olvidar lo que siento;
pero es que siempre viene la marea de que no puedo,
porque mi interior aún piensa en cómo te quiero.

Por los restos, brindo por ti sin que estés conmigo;
en la barra, ya libre, de mis dos pequeños vasos de vidrio,
que se sirven de chupitos
con la agua salada del corazón congelado de nuevo,
tan picado entre el dolor y el hielo,
por cada latido que se pulsa en frío
al querer apretarse contigo ardiendo.
Así es la resaca movida por mis vientos,
los que cada día mueve los cimientos al fresco.

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