Lo que fue realidad ahora es historia,
convertida en ese dulce cuento encantado
en el que quiero poder volver a viajar
y nunca paro de recordar.
No me gustó este final,
que yo empecé a escribir,
pero tú terminaste de redactar
añadiendo solo un punto para acabar,
sin la necesidad de expresar
ninguna palabra más;
sigo desterrado allí,
escribiendo este porvenir,
fruto de que ya no estás aquí.
Tú me decías insistida
que todo esto no compensaría
y que siguiera con lo que tenía.
Yo te respondía asegurado,
y a la vez un tanto alocado,
que seguiría viéndote a ratos,
dándote ésos besos y abrazos
que me eran tan inocentes como necesarios;
tan compensados como pesados,
aunque estuviera sospechando
de que yo no tuviera cabida
y todo esto algún día se iría.
Qué inoportuno fue mostrarte que te amaba
mientras tú atrás te echabas
y así de tu vida me empujabas.
Empezó como algo nuestro,
pero para ti ya está en el olvido,
o al menos éso debe aparentarse en tu destino;
yo no puedo seguir siendo el mismo,
aunque no cambien los latidos,
porque sin ti sigo sin rumbo fijo
mas allá del que tengo establecido,
en el que a veces me topo contigo,
pero ya sin hablarnos,
ni siquiera mirarnos,
pese a que quiera hacerlo sin descaro,
y volver a estar como antaño.
No te voy a negar
que mi corazón haya querido saltar;
pero, condenado o no a fracasar,
es contigo con quien quiere volar.
Por eso, nada me es igual;
todo pesa y duele más
al recordar e imaginar
una realidad en la que juntos pudimos acabar,
en la que ahora suspiro por estar,
lejos de ésa otra, la que es real;
la que es difícil de afrontar
y necesito cambiar,
antes de que me pueda atragantar.
Te busco en éstas líneas,
como en la música,
las palabras a una melodía,
como antes solíamos hacer
cada hora en el día a día,
para transmitir de forma directa con indirectas
lo que cada uno sentía.
Aunque antes te diera mi vida,
te volvería a regalar ésta, querida mía,
que voy buscando y formando,
con la diferencia de que juntos estemos hasta el fin,
en vez de sin ti quedarme allí.
Piensas que no me mereces,
y yo creo que son memeces,
porque sueño con creces
que conmigo estés
y a mi lado te quedes;
que estando unidos,
te encuentre y me encuentre,
para en ti perderme
sin tener que moverme
más de lo que hace el deseo que me hierve.
Aún ando pensando en ti,
sin poder dirigirme allí donde estés,
porque tu ya quisiste andar sin mí.
Me duele ahora estar tan distantes
encontrándonos al lado,
cuando antes nos rozábamos
estando separados.
Mi corazón está lleno de vacío;
lleno por los sentimientos y recuerdos
pero vacío por la infelicidad de dentro.
Estoy vacío por este lleno;
vivir sufriendo sin hallar consuelo
nunca me ha salido bueno,
y éso que no es nada nuevo,
porque así nací ya puesto;
con mi cabeza picoteada por cuervos,
y mi cuerpo hecho hielo,
herido por balas de hierro,
que impactan a raíz de la gente que más quiero.
Algunas tienen que pasar a las cicatrices del tiempo,
y aunque todas sean recuerdos,
en el fondo solo algunas son las heridas diarias
de cada momento.
Qué difícil resulta querer ser feliz
cuando a esta careta le cuesta sonreír,
poniendo muecas que solo son reír.
Y en cambio, qué fácil me es estar infeliz
cuando me salen los caretos
al llorar y sufrir
por cada uno de mis tormentos y anhelos.
No sé si ésto a ti te duele más que a mí,
pero soy yo el que sigo
en el que antes era nuestro sinvivir.
Y ahora ya solo dices lo que el silencio suele decir;
ya solo haces lo que dejas de hacer;
ya solo muestras lo que los secretos no deben mostrar.
Por ser tu corazón puro,
en él te auguró un camino oscuro
que te hechizó como no lo había hecho ninguno
y que te llevó a necesitar estar conmigo cada minuto.
Pero toda magia al final tiene su truco,
y tuve que ser yo quien lo descubriera
con las decepciones y rasguños
de mi interior inocente e iluso
que ahora sigue solitario en nuestro mundo,
el que antes era mutuo,
e imaginé que viviría juntos
y en realidad acabó siendo de uno.
Y así fue cómo este arquitecto
quiso construir una casa de cemento
solo con una arcilla,
que se convirtió en el cristal que todo lo rompió,
cegado por la ilusión
de su inquieto corazón.
No hay comentarios:
Publicar un comentario